
Partiendo del 5.2 V10, los técnicos de Ingolstadt se han devanado los sesos para restar nada menos que 100 kg de peso al R8 sin llegar a convertirlo en una espartana máquina de carreras, algo que finalmente han conseguido reduciendo el grosor del parabrisas y los paneles de aluminio de la carrocería, cambiando la luna trasera por una superficie de policarbonato, haciendo amplio uso de plásticos reforzados con fibra de carbono, y sustituyendo el alerón activo por otro de diseño fijo, que le sienta igual o mejor incluso que con el que viene el modelo convencional. Entre otras cosas, porque en realidad, la lista completa de modificaciones es larga como un brazo; frenos, climatizador, batería, aislamiento... prácticamente se ha optimizado todo a lo que aún se le podía echar mano con tal de dejarlo en 1.525 kg.

Suponiendo que llegues a tiempo para echar mano a una de las 333 unidades que serán fabricadas, has de saber que el R8 GT saldrá por 193.000 euros en Alemania, antes de que quieras meterle extras como el splitter pintado en el color de la carrocería, la cubierta de fibra de carbono para el motor, y los detalles decorativos en este mismo material repartibles por todo el habitáculo. Opcionalmente, también será posible instalar un paquete "racing" homologado para su uso en carretera, con jaula antivuelco, cinturones de cuatro puntas, extintor, y desconexión de la batería. Todo un juguete para esos conductores que quieren un R8 para algo más que torcer cuellos a su paso.
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FUente: www.autoblog.com